Conjunción al atardecer entre planetas - 2026

En este año tendremos y en la primera quincena de junio tendremos conjunciones visibles luego de la puesta de Sol. Los dos objetos más brillantes del cielo nocturno, Venus y Júpiter, iniciarán un acercamiento aparente que alcanzará su punto cúlmine las noches del 8 y 9 de junio, posicionándose en una curiosa conjunción a poco más de un grado y medio de distancia entre sí (el equivalente al ancho de un dedo meñique con el brazo extendido).

A esta conjunción visual se sumará Mercurio hacia mediados de mes mirando al horizonte oeste-noroeste, y durante algunas noches, la Luna.

El momento ideal para iniciar la observación será entre 30 y 40 minutos después de la puesta del sol, justo cuando el resplandor solar comience a atenuarse, pero antes de que los planetas estén demasiado cercanos al horizonte. 

Algunos atardeceres mostrarán postales curiosas y el popularmente mencionado "desfile planetario"


¿Cómo observar la conjunción?

Este fenómeno se podrá disfrutar perfectamente a simple vista, incluso en zonas con contaminación lumínica debido al notable brillo de los protagonistas. Unos binoculares 7x50 o 10x50 permitirá disfrutar de esta “postal viva”.

No se recomienda el uso de telescopios por dos razones clave. En primer lugar, por el campo de visión: un telescopio cubre un área del cielo muy estrecha en comparación con la perspectiva panorámica que ofrecen unos binoculares. En segundo lugar, por la calidad de la imagen: debido a la baja altura de los planetas sobre el horizonte, la luz debe atravesar una capa de atmósfera mucho más gruesa y turbulenta. Esto hará que sea casi imposible percibir detalles planetarios nítidos, mostrándolos difusos o "turbios"

Hay que estar atentos a otros factores como la nubosidad hacia el oeste, transparencia atmosférica sobre el horizonte (si hay humo, polvo en suspensión o mucho vapor de agua). Cuando la trasparencia atmosférica es baja, se complica observar objetos, incluso los más brillantes.  

 

El delay de una postal viva

Siempre que hablamos de conjunciones, pensamos en términos de espacio: millones de kilómetros más allá o más acá. Sin embargo, el cielo de junio nos invita a ejercitar otra mirada, una que altera nuestra percepción del tiempo. Sabemos lógicamente que este encuentro de mundos es una ilusión de perspectiva. La conjunción solo existe para nosotros, los observadores terrestres.

Pero lo que a veces olvidamos es que esa postal también está fragmentada en la dimensión temporal. Lo que contemplamos en el crepúsculo no ocurre en tiempo real. La luz viaja a la velocidad abismal de 300.000 kilómetros por segundo, pero las distancias en el sistema solar son tan descomunales que los destellos tardan minutos en llegar a nosotros.

Una postal diferida

  • Mercurio: Al ser el más cercano a nosotros en esta alineación, su luz tarda unos 8 minutos y 20 segundos en cruzar el vacío espacial. Lo vemos casi en su presente absoluto.
  • Venus: Aunque es el objeto más radiante de la noche, su brillo tarda 9 minutos y 40 segundos en alcanzarnos. Su luz actual es un eco del pasado reciente; el reflejo solar de hace casi diez minutos.
  • Júpiter: El gigante gaseoso es el verdadero viajero del tiempo de esta noche. Al encontrarse a más de 900 millones de kilómetros, su luz tarda 51 minutos en llegar a nuestros ojos.


La paradoja del horizonte

Esta distorsión temporal genera un fenómeno fascinante. Si las condiciones atmosféricas acompañan y logramos ver a Júpiter tocar y ocultarse finalmente en la línea del horizonte, estaremos viendo un fantasma: en el plano físico, el Júpiter real ya se habrá ocultado para nosotros hace casi una hora.


Comprender para mirar

El cielo nos regala espectáculos visuales maravillosos, pero cuando logramos dimensionar que es lo que realmente ocurre, la observación es profunda y tiene mayor sentido. Cuando comprendemos que el cielo se rige bajo leyes naturales y no caprichos azarosos, es ahí cuando empezamos a pensar a otra escala: Ese es el corazón de la ciencia.

El día que se registró desde Mar del Plata un impacto en la Luna

La noche del domingo 20 de enero de 2019 pintaba perfecta en Mar del Plata, una hermosa salida de Luna en una cálida y despejada tarde noche parecía soñada. Aunque con ese sello clásico de la ciudad: una jornada completamente despejada pero marcada por un viento del norte en forma de ráfagas. 

En una actividad pública en el famoso “Paseo de las Américas”, compartiendo mates y abrigos, observamos el eclipse. No sabíamos que en ese momento mientras algunas cámaras filmaban, se registraría el impacto de una roca lunar en la totalidad (máximo) del eclipse. 

Una oscuridad más profunda de lo esperado

A medida que la Luna se sumergía en la umbra (la parte más oscura de la sombra terrestre), el eclipse alcanzaba su máximo a las 02:12 de la madrugada del lunes 21 de enero. Fue una totalidad particular. Quienes observamos estos fenómenos hace décadas notamos de inmediato que el eclipse era en si un eclipse oscuro. En la jerga astronómica, esto se mide con la Escala de Danjon, que va del 0 al 4







Diferentes totalidades

Durante esa noche, la Luna se clasificó como un L1: un eclipse gris oscuro o pardo, donde los detalles superficiales de la Luna se vuelven muy difíciles de percibir a simple vista. Creemos que el impacto fue registrado gracias en parte a las condiciones dadas por la oscuridad de la totalidad, y también por la suerte: momento de poco viento (en donde la cámara no temblaba) y en fotograma (solo uno del archivo original) que calzó la imagen del impacto. 

La Escala de Danjon (Brillo del Eclipse L0 a L4)

[L0] Muy oscuro (Luna casi invisible)

[L1] Gris oscuro / Pardo (Detalles apenas visibles) <-- Así se vio en Mar del Plata

[L2] Rojo herrumbre ocre

[L3] Rojo ladrillo claro

[L4] Rojo claro o anaranjado brillante


Un impacto en la Luna

Poco después de que la Luna se sumergiera por completo en la penumbra de la medianoche, los teléfonos empezaron a vibrar. Nos llegaban mensajes cruzados de algunos colegas: ¿Vieron eso? Pareció haber un destello en la totalidad.

Varias cámaras filmando permitieron en el juego azaroso capturar un solo fotograma de video en donde se observa el impacto de la roca en la Luna en forma de un destello

Posteriormente en casa, nos pusimos a revisar minuciosamente los videos grabados. No era una tarea fácil; estábamos buscando una aguja en un pajar de bytes. Y de pronto, ahí estaba. Verificando fotograma por fotograma, encontramos el pequeñísimo destello retenido en ¡un solo cuadro de video! Se había capturado el impacto desde Mar del Plata.

Aunque la Luna es blanco constante de pequeños objetos espaciales, estos impactos suelen ser invisibles a los telescopios debido a la luminosidad de nuestro satélite natural. La diferencia crucial aquella noche fue la totalidad del eclipse: con una Luna de brillo tan atenuado, el sutil destello del impacto encontró el contraste ideal para hacerse notar.


Estudios científicos posteriores confirmaron lo que nuestros telescopios (y de algunos observadores en Europa y Estados Unidos) capturaron fue una roca espacial de unos 45 centímetros de diámetro y unos 40 kilos de peso, viajando a la tremenda velocidad de 61.000 kilómetros por hora, se estrelló contra la región de la Luna cercana al cráter Lagrange.

La energía del choque equivalentemente destructiva a una tonelada de TNT transformó la energía cinética en un destello de luz térmica instantáneo que cruzó el espacio hasta llegar a nuestros ojos en Mar del Plata. 

Al no tener atmósfera que la proteja, la Luna recibe estos impactos de forma directa, dejando un nuevo y diminuto cráter de unos 15 metros de diámetro en su superficie.

Estos fenómenos repentinos es un recordatorio de que el universo está siempre en movimiento, que no es estático, está vivo, en constante cambio, y que a veces solo hace falta un telescopio, paciencia, mucha paciencia... y a veces suerte.




Dos décadas de totalidades
Esta serie fotográfica abarca más de dos décadas, desde el primer eclipse de Luna registrado, hasta el último, aunque no todos pudieron ser capturados: algunos se perdieron ante las nubes, la lluvia o los cielos cubiertos. El primer eclipse fue realizado con una cámara analógica (rollo) y posteriormente con digitales.



El eclipse de 2019 demostró que la Luna recibe constantemente impactos, aunque muchos de ellos no son visibles por la luminosidad de nuestro satélite

Un rápido vistazo a Omega Centauri desde el centro de la ciudad de Mar del Plata

Ayer observamos y fotografiamos a ω Cen o NGC 5139 con un telescopio refractor apocromático desde el corazón de Mar del Plata.

Si mirabas los mapas celestes antiguos, figuraba simplemente como una estrella solitaria en la constelación del Centauro.

Pero en 1677, el astrónomo Edmond Halley (sí, el mismo del famoso cometa) apuntó su telescopio hacia ella desde la isla de Santa Elena y descubrió la verdad: Era una extraña mancha difusa formada por miles de estrellas. Hoy sabemos que esa "estrella" es en realidad el cúmulo globular más gigante de nuestra galaxia.

El desafío de observar y ver la imagen viva de este objeto en el ocular del telescopio es simplemente una vivencia única, digna de experimentar.



Se confirma a Trapecio Austral el descubrimiento de 11 asteroides provisionales

Estamos sumamente felices de compartir nuevos hallazgos en nuestra continua participación en el programa de ciencia ciudadana desde Mar del Plata, Argentina (En la campaña, desde 2020).

En el ámbito del programa de la IASC, revelados los resultados recientes, Trapecio Austral ha actualizado el descubrimiento de 11 asteroides en estado provisionalEste esfuerzo, el tiempo y la dedicación y a menudo llevado a cabo en silencio de nuestra parte durante varios años, constituye un aporte más de la astronomía amateur.

Nuestra labor se alinea directamente con el objetivo central de la IASC (Colaboración Internacional de Búsqueda Astronómica): la búsqueda sistemática de asteroides, con un enfoque primordial en la identificación de Objetos Próximos a la Tierra (NEO).


Con el objeto catalogado como 2024 SX77, Trapecio Austral suma 11 asteroides provisionales a su lista de descubrimientos







Beta, DY Crucis y "El Joyero"

Por Esteban J. Andrada (Trapecio Austral)

¿Cómo describir esta joya de la Cruz del Sur? Para cualquier observador con un pequeño telescopio, el entorno de Mimosa (Beta Crucis) es una parada obligatoria. En esta región del cielo, la naturaleza nos regala uno de los contrastes cromáticos más delicados y fascinantes del hemisferio sur.

No hace falta un telescopio para descubrir algunos secretos de esta región del cielo. Unos binoculares son suficientes para disfrutar del cumulo abierto NGC 4755. Un telescopio de 80mm puede aportarnos aun mas detalles. 

También llamada Mimosa, es una subgigante azul-blanca de brillo eléctrico y, justo a su lado aparece DY Crucis, una estrella de carbono tan roja que parece una gota de sangre en el cosmos.

Cerca de estas dos, solo 1 grado al sudeste de Beta Crucis (Mimosa), encontramos el famoso cúmulo El Joyero (NGC 4755). Es un grupo de estrellas jóvenes y brillantes que, a través del telescopio, parecen diamantes diminutos esparcidos sobre el terciopelo negro del cielo. Es un cúmulo abierto que tiene una magnitud aparente de 4,2 y se encuentra a 6.400 años luz. Contiene aproximadamente 60 estrellas, ideal para binoculares, formando una pequeña estructura con forma de triangulo. Esa forma se pierde si se usa una cámara con larga exposición. 
El nombre popular "El Joyero" fue inventado por John Herschel, quien la comparó en sus escritos como una "caja de joyas" debido a la variedad de colores, incluye estrellas azules, blancas y una radiante estrella roja.

La combinación del azul de Mimosa, el rojo rubí de DY Crucis y los destellos del Joyero hacen de esta región una de las más delicadas y sutilmente bellas postales de nuestro cielo austral. 

Esta parte de la Cruz del Sur fotografiada con un telescopio apocromático en Mar del Plata, es una verdadera postal austral.

Una vista rápida captura del cumulo a través de un telescopio catadióptrico 




Contrastes de colores en la Cruz del Sur 

Como comentamos anteriormente, DY Crucis no es una estrella más. Es una estrella de carbono, una de las más rojas que se pueden observar. Su atmósfera está tan llena de carbono que absorbe la luz azul, dejando pasar solo ese rojo profundo y sangriento. La proximidad visual entre el azul eléctrico de Mimosa y el carmesí de DY Crucis es, sencillamente, un espectáculo inolvidable y accesible para pequeños telescopios. 

Aunque parezca un sistema doble real, en realidad son dos estrellas que no tienen relación mutua. DY Crucis se encuentra aproximadamente a entre 2,000 y 3,000 años luz de la Tierra, aunque las estrellas de carbono son difíciles de medir con precisión absoluta debido a sus pulsaciones. En contraste de distancias, Beta Crucis está mucho más cerca de nosotros, a unos 280 - 350 años luz.

En astronomía se llama a estas vistas “dobles ópticas” es decir que no pertenecen al mismo sistema, pero que, desde la Tierra, debido a la perspectiva parecen un sistema doble.


¿Por qué es tan roja?

A diferencia de gigantes rojas comunes como Betelgeuse o Antares (que a su lado parecen simples tonos naranja), DY Crucis es una estrella de carbono. Sus características principales son:
  • Baja temperatura: Son estrellas extremadamente frías para su clase, con superficies miles de grados por debajo de la temperatura del Sol.
  • Atmósfera de "hollín": Contienen abundantes compuestos de carbono y monóxido de carbono que actúan como un filtro, bloqueando la luz azul y dejando pasar solo los tonos rojos más profundos.

Los Pilares de la Creación escondidas en el corazón de M16

En el conjunto de la vista de Nebulosa del Águila (M16), oculta una de las postales más populares de la década de los 90´s en la astronomía. Una de las clásicas imágenes capturadas por el telescopio espacial Hubble, es  el corazón de esta nebulosa, en donde se erigen los icónicos Pilares de la Creación.

En esta captura realizada desde una zona rural de Mar del Plata durante 2025, no se puede observar en todo su esplendor. Sin embargo, se pueden observar las principales columnas de la postal. Pensemos... son colosales columnas de gas y polvo, la cuna en donde nacen nuevos soles, ubicadas a unos 6500 años luz de distancia en la constelación de la serpiente. Es una postal de fragilidad y a la vez de potencia monumental casi oculta en la vista general de la nebulosa M16.

Vista general de la nebulosa M16, obtenida con un telescopio reflector y cámara réflex, con posterior apilado y procesado de imágenes en RAW, desde Mar del Plata, Argentina

Detalle de la porción de la nebulosa donde se puede percibir las principales columnas de la postal de los "Pilares de la Creación" 


Para darse una idea general de lo que se pudo capturar desde Mar del Plata, podemos ejemplificar con el pilar más alto (el de la izquierda), que tiene unos 4 a 5 años luz de largo. Eso equivale a unos 40 billones de kilómetros. Si quisiéramos viajar desde la base hasta la punta de ese pilar en un avión comercial, tardaríamos unos 4.5 millones de años. Nuestro sistema solar entero es un granito de arena comparado con una de esas columnas.

En las puntas de los pilares hay unas pequeñas protuberancias (bueno, "pequeñas" para el espacio). Los astrónomos las llaman EGGs (Evaporating Gaseous Globules). Son regiones de gas tan densas que la radiación de las estrellas vecinas no puede deshacerlas. Dentro de cada "huevo" de esos, hay una protoestrella gestándose. Literalmente, son incubadoras estelares.

Los pilares son observables en parte del espectro electromagnético 

Si pudiéramos usar sensores infrarrojos (como el Telescopio James Webb), los pilares se vuelven transparentes. Lo que en la foto en el espectro visible se ve como una columna sólida de polvo oscuro, en el infrarrojo desaparece para revelar miles de estrellas rojas que están naciendo en su interior. Es como pasar de ver una pared a ver a través de un cristal.

El engaño de su aparente solidez

Es importante aclarar que son estructuras estáticas. Se ven así porque estrellas masivas cercanas (que no salen en la postal de los pilares) están emitiendo un "viento" de partículas y radiación ultravioleta tan fuerte que está erosionando la nube. 

La irónica historia del catalogo Messier y M1

M1, conocida popularmente como la Nebulosa del Cangrejo, es uno de los objetos astronómicos más icónicos e históricos del cielo nocturno. Se trata de un remanente de supernova ubicado en la constelación de Tauro.

Antes de hablar de M1, es importante aclarar que los catálogos astronómicos son una lista o inventario de objetos celestes. Surgieron, evolucionaron o se reinventaron en nuevos catálogos para responder a los desafíos científicos de su tiempo, estableciéndose como bases de datos universales. Gracias a ellos, científicos y aficionados pueden localizar e investigar objetos celestes de manera exacta.

En latitudes pampeanas hacia las 21 Hs ocupa su máxima altura durante el mes de febrero, aunque solo a 29° del horizonte, en la constelación de Tauro, y a solo 6° de Elnath, estrella beta de Tauro.

Los registros históricos de M1 comienza mucho antes de que se inventara el telescopio

En el año 1054, ya los astrónomos chinos registraban la aparición de una estrella singular en el cielo. Fue tan brillante que permaneció visible a plena luz del día durante 23 días y pudo verse en el cielo nocturno durante casi dos años. Claramente, lo que presenciaron fue la explosión de una estrella masiva (supernova) a unos 6,500 años luz de la Tierra.

M1 Fotografiado en el Bosque Peralta Ramos en Mar del Plata, Argentina. 
La imagen es el resultado de un largo procesado de imágenes obtenidas en un telescopio reflector de 6 pulgadas.


La irónica historia del catalogo Messier y M1

Paradójicamente, el famoso catálogo de Charles Messier no nació por el amor a las nebulosas, sino por la frustración que le causaban. Messier era un cazador de cometas.

En 1758, durante el regreso del cometa Halley, Messier encontró un objeto difuso en Tauro que, a diferencia de un cometa, al pasar las noches, no se movía respecto a las estrellas de fondo. Para evitar perder el tiempo confundiendo estos objetos estáticos con cometas en el futuro, decidió crear una lista... algo así como, una lista "negativa" o una lista opuesta.

M1 fue el primer objeto que anotó en su lista, convirtiéndose oficialmente en la entrada inicial del que hoy es el catálogo más famoso de la astronomía observacional.

El aporte de Charles Messier en otra área de la astronomía (no estamos hablando de cometas) fue tan fenomenal que hasta hoy en día es uno de los catálogos mas prácticos, aun con sus limitaciones.

La observación (no fotografía) de M1

Desde un cielo muy oscuro (como alguna zona rural cerca de Mar del Plata ), M1 se ve como una mancha extremadamente tenue y difusa a través de unos binoculares 10x50 con tripode. La vista fantasmal mejora con un telescopio mediano, detectando una forma ovalada en este contorno fantasmal.

Es complejo de distinguirlo de las estrellas de fondo si no se usa la técnica de visión periférica (mirar ligeramente hacia un lado del objeto para que la luz caiga en las células más sensibles del ojo)

Las nebulosas no son objetos fáciles, sin embargo, es gratificante "descubrir" por uno mismo el catalogo Messier, comenzando por este fantasmal objeto del verano austral.


El articulo en resumen

M1, la Nebulosa del Cangrejo, es un remanente de supernova situado en Tauro. Los catálogos astronómicos, como el de Messier, permiten localizar estos objetos. En febrero, alcanza su máxima altura a 29° del horizonte en latitudes pampeanas. Visualmente es tenue; en binoculares o telescopios se ve como una mancha difusa. Su observación requiere cielos oscuros y técnica de visión periférica para detectarla.

La irónica historia del catalogo Messier

Su historia inició en 1054, cuando astrónomos chinos avistaron una "estrella" brillante. Esta explosión masiva fue visible de día por 23 días y de noche por dos años. Charles Messier la catalogó en 1758 mientras buscaba cometas. Al no moverse, la anotó como el primer objeto de su lista de "falsos cometas". 

Paradójicamente, esta especie de lista negativa se volvió un catálogo fundamental y práctico. 



El fenómeno del rayo verde

En 1882, Julio Verne en su novela "El rayo verde" escribió: “Un verde, un verde que ningún artista podría jamás obtener en su paleta, un verde del cual ni los variados tintes de la vegetación ni los tonos del más limpio océano podrían nunca producir un igual. Si hay un verde en el Paraíso, es ese destello” (Verne, 1882).


El rayo verde [1] es un destello colorido, observado en ocasiones muy puntuales en la salida o puesta de Sol y a veces de Luna. Es un fenómeno difícil de detectar para aquel observador distraído, debido a su fugaz duración, en torno al segundo. También se ha documentado la aparición de rayos rojos y azules. 

Debido a que es observable en condiciones muy específicas, y por tanto nada frecuente, este fenómeno ha sido clasificado en el pasado como una leyenda, como parte de aquellos relatos de marineros místicos. Hoy gracias a los registros fotográficos y oculares, sabemos que es un fenómeno totalmente posible. Pero, ¿a qué se debe? 




NOTAS
[1] El rayo verde también es denominado destello verde. Cabe destacar que existe también variantes en su coloración. 







Una aclaración sobre el título de "profesor" en una etapa critica de la sociedad

 





NOTA: En la ciencia y docencia, el entusiasmo no reemplaza al título

El ejercicio ilegal de un titulo como "profesor" "doctor" o "astrónomo" está penado por ley precisamente porque busca proteger a la ciudadanía de títulos NO otorgados.


Puesta de Sol en el Atlántico desde Monte Hermoso, Buenos Aires, Argentina

Monte Hermoso es uno de los pocos rincones de Argentina donde el espectáculo astronómico diario tiene un giro especial. El Sol parece nacer y morir en el mismo horizonte líquido.

Debido a la curvatura de la costa en esta zona del sur de la provincia de Buenos Aires, el mar queda posicionado hacia el sur. Durante los meses de verano, el movimiento aparente del Sol (provocado por la rotación terrestre y la inclinación del eje de la Tierra) hace que su arco cruce el cielo de manera que la puesta ocurra en el océano Atlántico. 








Reencuentro con el eclipse total de Sol de la Patagonia

En este breve documental, revivimos el eclipse total de sol en la Patagonia del 14 de diciembre de 2020. En medio de un año que desafió al mundo, fuimos testigos de uno de los fenómenos astronómicos más sobrecogedores de la naturaleza.