Beta, DY Crucis y "El Joyero"

Por Esteban J. Andrada (Trapecio Austral)

¿Cómo describir esta joya de la Cruz del Sur? Para cualquier observador con un pequeño telescopio, el entorno de Mimosa (Beta Crucis) es una parada obligatoria. En esta región del cielo, la naturaleza nos regala uno de los contrastes cromáticos más delicados y fascinantes del hemisferio sur.

No hace falta un telescopio para descubrir algunos secretos de esta región del cielo. Unos binoculares son suficientes para disfrutar del cumulo abierto NGC 4755. Un telescopio de 80mm puede aportarnos aun mas detalles. 

También llamada Mimosa, es una subgigante azul-blanca de brillo eléctrico y, justo a su lado aparece DY Crucis, una estrella de carbono tan roja que parece una gota de sangre en el cosmos.

Cerca de estas dos, solo 1 grado al sudeste de Beta Crucis (Mimosa), encontramos el famoso cúmulo El Joyero (NGC 4755). Es un grupo de estrellas jóvenes y brillantes que, a través del telescopio, parecen diamantes diminutos esparcidos sobre el terciopelo negro del cielo. Es un cúmulo abierto que contiene aproximadamente 60 estrellas, ideal para binoculares, formando una pequeña estructura con forma de triangulo. Esa forma se pierde si se usa una cámara con larga exposición. 
El nombre popular "El Joyero" fue inventado por John Herschel, quien la comparó en sus escritos como una "caja de joyas" debido a la variedad de colores, incluye estrellas azules, blancas y una radiante estrella roja.

La combinación del azul de Mimosa, el rojo rubí de DY Crucis y los destellos del Joyero hacen de esta región una de las más delicadas y sutilmente bellas postales de nuestro cielo austral. 

Esta parte de la Cruz del Sur fotografiada con un telescopio apocromático en Mar del Plata, es una verdadera postal austral.


Contrastes de colores en la Cruz del Sur 

Como comentamos anteriormente, DY Crucis no es una estrella más. Es una estrella de carbono, una de las más rojas que se pueden observar. Su atmósfera está tan llena de carbono que absorbe la luz azul, dejando pasar solo ese rojo profundo y sangriento. La proximidad visual entre el azul eléctrico de Mimosa y el carmesí de DY Crucis es, sencillamente, un espectáculo inolvidable y accesible para pequeños telescopios. 

Aunque parezca un sistema doble real, en realidad son dos estrellas que no tienen relación mutua. DY Crucis se encuentra aproximadamente a entre 2,000 y 3,000 años luz de la Tierra, aunque las estrellas de carbono son difíciles de medir con precisión absoluta debido a sus pulsaciones. En contraste de distancias, Beta Crucis está mucho más cerca de nosotros, a unos 280 - 350 años luz.

En astronomía se llama a estas vistas “dobles ópticas” es decir que no pertenecen al mismo sistema, pero que, desde la Tierra, debido a la perspectiva parecen un sistema doble.


¿Por qué es tan roja?

A diferencia de gigantes rojas comunes como Betelgeuse o Antares (que a su lado parecen simples tonos naranja), DY Crucis es una estrella de carbono. Sus características principales son:
  • Baja temperatura: Son estrellas extremadamente frías para su clase, con superficies miles de grados por debajo de la temperatura del Sol.
  • Atmósfera de "hollín": Contienen abundantes compuestos de carbono y monóxido de carbono que actúan como un filtro, bloqueando la luz azul y dejando pasar solo los tonos rojos más profundos.

Los Pilares de la Creación escondidas en el corazón de M16

En el conjunto de la vista de Nebulosa del Águila (M16), oculta una de las postales más populares de la década de los 90´s en la astronomía. Una de las clásicas imágenes capturadas por el telescopio espacial Hubble, es  el corazón de esta nebulosa, en donde se erigen los icónicos Pilares de la Creación.

En esta captura realizada desde una zona rural de Mar del Plata durante 2025, no se puede observar en todo su esplendor. Sin embargo, se pueden observar las principales columnas de la postal. Pensemos... son colosales columnas de gas y polvo, la cuna en donde nacen nuevos soles, ubicadas a unos 6500 años luz de distancia en la constelación de la serpiente. Es una postal de fragilidad y a la vez de potencia monumental casi oculta en la vista general de la nebulosa M16.

Vista general de la nebulosa M16, obtenida con un telescopio reflector y cámara réflex, con posterior apilado y procesado de imágenes en RAW, desde Mar del Plata, Argentina

Detalle de la porción de la nebulosa donde se puede percibir las principales columnas de la postal de los "Pilares de la Creación" 


Para darse una idea general de lo que se pudo capturar desde Mar del Plata, podemos ejemplificar con el pilar más alto (el de la izquierda), que tiene unos 4 a 5 años luz de largo. Eso equivale a unos 40 billones de kilómetros. Si quisiéramos viajar desde la base hasta la punta de ese pilar en un avión comercial, tardaríamos unos 4.5 millones de años. Nuestro sistema solar entero es un granito de arena comparado con una de esas columnas.

En las puntas de los pilares hay unas pequeñas protuberancias (bueno, "pequeñas" para el espacio). Los astrónomos las llaman EGGs (Evaporating Gaseous Globules). Son regiones de gas tan densas que la radiación de las estrellas vecinas no puede deshacerlas. Dentro de cada "huevo" de esos, hay una protoestrella gestándose. Literalmente, son incubadoras estelares.

Los pilares son observables en parte del espectro electromagnético 

Si pudiéramos usar sensores infrarrojos (como el Telescopio James Webb), los pilares se vuelven transparentes. Lo que en la foto en el espectro visible se ve como una columna sólida de polvo oscuro, en el infrarrojo desaparece para revelar miles de estrellas rojas que están naciendo en su interior. Es como pasar de ver una pared a ver a través de un cristal.

El engaño de su aparente solidez

Es importante aclarar que son estructuras estáticas. Se ven así porque estrellas masivas cercanas (que no salen en la postal de los pilares) están emitiendo un "viento" de partículas y radiación ultravioleta tan fuerte que está erosionando la nube. 

La irónica historia del catalogo Messier y M1

M1, conocida popularmente como la Nebulosa del Cangrejo, es uno de los objetos astronómicos más icónicos e históricos del cielo nocturno. Se trata de un remanente de supernova ubicado en la constelación de Tauro.

Antes de hablar de M1, es importante aclarar que los catálogos astronómicos son una lista o inventario de objetos celestes. Surgieron, evolucionaron o se reinventaron en nuevos catálogos para responder a los desafíos científicos de su tiempo, estableciéndose como bases de datos universales. Gracias a ellos, científicos y aficionados pueden localizar e investigar objetos celestes de manera exacta.

En latitudes pampeanas hacia las 21 Hs ocupa su máxima altura durante el mes de febrero, aunque solo a 29° del horizonte, en la constelación de Tauro, y a solo 6° de Elnath, estrella beta de Tauro.

Los registros históricos de M1 comienza mucho antes de que se inventara el telescopio

En el año 1054, ya los astrónomos chinos registraban la aparición de una estrella singular en el cielo. Fue tan brillante que permaneció visible a plena luz del día durante 23 días y pudo verse en el cielo nocturno durante casi dos años. Claramente, lo que presenciaron fue la explosión de una estrella masiva (supernova) a unos 6,500 años luz de la Tierra.

M1 Fotografiado en el Bosque Peralta Ramos en Mar del Plata, Argentina. 
La imagen es el resultado de un largo procesado de imágenes obtenidas en un telescopio reflector de 6 pulgadas.


La irónica historia del catalogo Messier y M1

Paradójicamente, el famoso catálogo de Charles Messier no nació por el amor a las nebulosas, sino por la frustración que le causaban. Messier era un cazador de cometas.

En 1758, durante el regreso del cometa Halley, Messier encontró un objeto difuso en Tauro que, a diferencia de un cometa, al pasar las noches, no se movía respecto a las estrellas de fondo. Para evitar perder el tiempo confundiendo estos objetos estáticos con cometas en el futuro, decidió crear una lista... algo así como, una lista "negativa" o una lista opuesta.

M1 fue el primer objeto que anotó en su lista, convirtiéndose oficialmente en la entrada inicial del que hoy es el catálogo más famoso de la astronomía observacional.

El aporte de Charles Messier en otra área de la astronomía (no estamos hablando de cometas) fue tan fenomenal que hasta hoy en día es uno de los catálogos mas prácticos, aun con sus limitaciones.

La observación (no fotografía) de M1

Desde un cielo muy oscuro (como alguna zona rural cerca de Mar del Plata ), M1 se ve como una mancha extremadamente tenue y difusa a través de unos binoculares 10x50 con tripode. La vista fantasmal mejora con un telescopio mediano, detectando una forma ovalada en este contorno fantasmal.

Es complejo de distinguirlo de las estrellas de fondo si no se usa la técnica de visión periférica (mirar ligeramente hacia un lado del objeto para que la luz caiga en las células más sensibles del ojo)

Las nebulosas no son objetos fáciles, sin embargo, es gratificante "descubrir" por uno mismo el catalogo Messier, comenzando por este fantasmal objeto del verano austral.


El articulo en resumen

M1, la Nebulosa del Cangrejo, es un remanente de supernova situado en Tauro. Los catálogos astronómicos, como el de Messier, permiten localizar estos objetos. En febrero, alcanza su máxima altura a 29° del horizonte en latitudes pampeanas. Visualmente es tenue; en binoculares o telescopios se ve como una mancha difusa. Su observación requiere cielos oscuros y técnica de visión periférica para detectarla.

La irónica historia del catalogo Messier

Su historia inició en 1054, cuando astrónomos chinos avistaron una "estrella" brillante. Esta explosión masiva fue visible de día por 23 días y de noche por dos años. Charles Messier la catalogó en 1758 mientras buscaba cometas. Al no moverse, la anotó como el primer objeto de su lista de "falsos cometas". 

Paradójicamente, esta especie de lista negativa se volvió un catálogo fundamental y práctico.