En una actividad pública en el famoso “Paseo de las Américas”, compartiendo mates y abrigos, observamos el eclipse. No sabíamos que en ese momento mientras algunas cámaras filmaban, se registraría el impacto de una roca lunar en la totalidad (máximo) del eclipse.
Una oscuridad más profunda de lo esperado
A medida que la Luna se sumergía en la umbra (la parte más oscura de la sombra terrestre), el eclipse alcanzaba su máximo a las 02:12 de la madrugada del lunes 21 de enero. Fue una totalidad particular. Quienes observamos estos fenómenos hace décadas notamos de inmediato que el eclipse era en si un eclipse oscuro. En la jerga astronómica, esto se mide con la Escala de Danjon, que va del 0 al 4.
Diferentes totalidades
Durante esa noche, la Luna se clasificó como un L1: un eclipse gris oscuro o pardo, donde los detalles superficiales de la Luna se vuelven muy difíciles de percibir a simple vista. Creemos que el impacto fue registrado gracias en parte a las condiciones dadas por la oscuridad de la totalidad, y también por la suerte: momento de poco viento (en donde la cámara no temblaba) y en fotograma (solo uno del archivo original) que calzó la imagen del impacto.La Escala de Danjon (Brillo del Eclipse L0 a L4)
[L0] Muy oscuro (Luna casi invisible)
[L1] Gris oscuro / Pardo (Detalles
apenas visibles) <-- Así se vio en Mar del Plata
[L2] Rojo herrumbre ocre
[L3] Rojo ladrillo claro
[L4]
Rojo claro o anaranjado brillante
Un impacto en la Luna
Poco después de que la Luna se sumergiera por completo en la penumbra de la medianoche, los teléfonos empezaron a vibrar. Nos llegaban mensajes cruzados de algunos colegas: ¿Vieron eso? Pareció haber un destello en la totalidad.
Posteriormente en casa, nos pusimos a revisar minuciosamente los videos grabados. No era una tarea fácil; estábamos buscando una aguja en un pajar de bytes. Y de pronto, ahí estaba. Verificando fotograma por fotograma, encontramos el pequeñísimo destello retenido en ¡un solo cuadro de video! Se había capturado el impacto desde Mar del Plata.
Aunque la Luna es blanco constante de pequeños objetos espaciales, estos impactos suelen ser invisibles a los telescopios debido a la luminosidad de nuestro satélite natural. La diferencia crucial aquella noche fue la totalidad del eclipse: con una Luna de brillo tan atenuado, el sutil destello del impacto encontró el contraste ideal para hacerse notar.
Estudios científicos posteriores confirmaron lo que nuestros telescopios (y de algunos observadores en Europa y Estados Unidos) capturaron fue una roca espacial de unos 45 centímetros de diámetro y unos 40 kilos de peso, viajando a la tremenda velocidad de 61.000 kilómetros por hora, se estrelló contra la región de la Luna cercana al cráter Lagrange.
La energía del choque equivalentemente destructiva a una tonelada de TNT transformó la energía cinética en un destello de luz térmica instantáneo que cruzó el espacio hasta llegar a nuestros ojos en Mar del Plata.
Al no tener atmósfera que la proteja, la Luna recibe estos impactos de forma directa, dejando un nuevo y diminuto cráter de unos 15 metros de diámetro en su superficie.
Estos fenómenos repentinos es un recordatorio de que el universo está siempre en movimiento, que no es estático, está vivo, en constante cambio, y que a veces solo hace falta un telescopio, paciencia, mucha paciencia... y a veces suerte.










