Los Pilares de la Creación escondidas en el corazón de M16

En el conjunto de la vista de Nebulosa del Águila (M16), oculta una de las postales más populares de la década de los 90´s en la astronomía. Una de las clásicas imágenes capturadas por el telescopio espacial Hubble, es  el corazón de esta nebulosa, en donde se erigen los icónicos Pilares de la Creación.

En esta captura realizada desde una zona rural de Mar del Plata durante 2025, no se puede observar en todo su esplendor. Sin embargo, se pueden observar las principales columnas de la postal. Pensemos... son colosales columnas de gas y polvo, la cuna en donde nacen nuevos soles, ubicadas a unos 6500 años luz de distancia en la constelación de la serpiente. Es una postal de fragilidad y a la vez de potencia monumental casi oculta en la vista general de la nebulosa M16.

Vista general de la nebulosa M16, obtenida con un telescopio reflector y cámara réflex, con posterior apilado y procesado de imágenes en RAW, desde Mar del Plata, Argentina

Detalle de la porción de la nebulosa donde se puede percibir las principales columnas de la postal de los "Pilares de la Creación" 


Para darse una idea general de lo que se pudo capturar desde Mar del Plata, podemos ejemplificar con el pilar más alto (el de la izquierda), que tiene unos 4 a 5 años luz de largo. Eso equivale a unos 40 billones de kilómetros. Si quisiéramos viajar desde la base hasta la punta de ese pilar en un avión comercial, tardaríamos unos 4.5 millones de años. Nuestro sistema solar entero es un granito de arena comparado con una de esas columnas.

En las puntas de los pilares hay unas pequeñas protuberancias (bueno, "pequeñas" para el espacio). Los astrónomos las llaman EGGs (Evaporating Gaseous Globules). Son regiones de gas tan densas que la radiación de las estrellas vecinas no puede deshacerlas. Dentro de cada "huevo" de esos, hay una protoestrella gestándose. Literalmente, son incubadoras estelares.

Los pilares son observables en parte del espectro electromagnético 

Si pudiéramos usar sensores infrarrojos (como el Telescopio James Webb), los pilares se vuelven transparentes. Lo que en la foto en el espectro visible se ve como una columna sólida de polvo oscuro, en el infrarrojo desaparece para revelar miles de estrellas rojas que están naciendo en su interior. Es como pasar de ver una pared a ver a través de un cristal.

El engaño de su aparente solidez

Es importante aclarar que son estructuras estáticas. Se ven así porque estrellas masivas cercanas (que no salen en la postal de los pilares) están emitiendo un "viento" de partículas y radiación ultravioleta tan fuerte que está erosionando la nube. 

La irónica historia del catalogo Messier y M1

M1, conocida popularmente como la Nebulosa del Cangrejo, es uno de los objetos astronómicos más icónicos e históricos del cielo nocturno. Se trata de un remanente de supernova ubicado en la constelación de Tauro.

Antes de hablar de M1, es importante aclarar que los catálogos astronómicos son una lista o inventario de objetos celestes. Surgieron, evolucionaron o se reinventaron en nuevos catálogos para responder a los desafíos científicos de su tiempo, estableciéndose como bases de datos universales. Gracias a ellos, científicos y aficionados pueden localizar e investigar objetos celestes de manera exacta.

En latitudes pampeanas hacia las 21 Hs ocupa su máxima altura durante el mes de febrero, aunque solo a 29° del horizonte, en la constelación de Tauro, y a solo 6° de Elnath, estrella beta de Tauro.

Los registros históricos de M1 comienza mucho antes de que se inventara el telescopio

En el año 1054, ya los astrónomos chinos registraban la aparición de una estrella singular en el cielo. Fue tan brillante que permaneció visible a plena luz del día durante 23 días y pudo verse en el cielo nocturno durante casi dos años. Claramente, lo que presenciaron fue la explosión de una estrella masiva (supernova) a unos 6,500 años luz de la Tierra.

M1 Fotografiado en el Bosque Peralta Ramos en Mar del Plata, Argentina. 
La imagen es el resultado de un largo procesado de imágenes obtenidas en un telescopio reflector de 6 pulgadas.


La irónica historia del catalogo Messier y M1

Paradójicamente, el famoso catálogo de Charles Messier no nació por el amor a las nebulosas, sino por la frustración que le causaban. Messier era un cazador de cometas.

En 1758, durante el regreso del cometa Halley, Messier encontró un objeto difuso en Tauro que, a diferencia de un cometa, al pasar las noches, no se movía respecto a las estrellas de fondo. Para evitar perder el tiempo confundiendo estos objetos estáticos con cometas en el futuro, decidió crear una lista... algo así como, una lista "negativa" o una lista opuesta.

M1 fue el primer objeto que anotó en su lista, convirtiéndose oficialmente en la entrada inicial del que hoy es el catálogo más famoso de la astronomía observacional.

El aporte de Charles Messier en otra área de la astronomía (no estamos hablando de cometas) fue tan fenomenal que hasta hoy en día es uno de los catálogos mas prácticos, aun con sus limitaciones.

La observación (no fotografía) de M1

Desde un cielo muy oscuro (como alguna zona rural cerca de Mar del Plata ), M1 se ve como una mancha extremadamente tenue y difusa a través de unos binoculares 10x50 con tripode. La vista fantasmal mejora con un telescopio mediano, detectando una forma ovalada en este contorno fantasmal.

Es complejo de distinguirlo de las estrellas de fondo si no se usa la técnica de visión periférica (mirar ligeramente hacia un lado del objeto para que la luz caiga en las células más sensibles del ojo)

Las nebulosas no son objetos fáciles, sin embargo, es gratificante "descubrir" por uno mismo el catalogo Messier, comenzando por este fantasmal objeto del verano austral.


El articulo en resumen

M1, la Nebulosa del Cangrejo, es un remanente de supernova situado en Tauro. Los catálogos astronómicos, como el de Messier, permiten localizar estos objetos. En febrero, alcanza su máxima altura a 29° del horizonte en latitudes pampeanas. Visualmente es tenue; en binoculares o telescopios se ve como una mancha difusa. Su observación requiere cielos oscuros y técnica de visión periférica para detectarla.

La irónica historia del catalogo Messier

Su historia inició en 1054, cuando astrónomos chinos avistaron una "estrella" brillante. Esta explosión masiva fue visible de día por 23 días y de noche por dos años. Charles Messier la catalogó en 1758 mientras buscaba cometas. Al no moverse, la anotó como el primer objeto de su lista de "falsos cometas". 

Paradójicamente, esta especie de lista negativa se volvió un catálogo fundamental y práctico. 



El fenómeno del rayo verde

En 1882, Julio Verne en su novela "El rayo verde" escribió: “Un verde, un verde que ningún artista podría jamás obtener en su paleta, un verde del cual ni los variados tintes de la vegetación ni los tonos del más limpio océano podrían nunca producir un igual. Si hay un verde en el Paraíso, es ese destello” (Verne, 1882).


El rayo verde [1] es un destello colorido, observado en ocasiones muy puntuales en la salida o puesta de Sol y a veces de Luna. Es un fenómeno difícil de detectar para aquel observador distraído, debido a su fugaz duración, en torno al segundo. También se ha documentado la aparición de rayos rojos y azules. 

Debido a que es observable en condiciones muy específicas, y por tanto nada frecuente, este fenómeno ha sido clasificado en el pasado como una leyenda, como parte de aquellos relatos de marineros místicos. Hoy gracias a los registros fotográficos y oculares, sabemos que es un fenómeno totalmente posible. Pero, ¿a qué se debe? 




NOTAS
[1] El rayo verde también es denominado destello verde. Cabe destacar que existe también variantes en su coloración.