Observación astronómica en Paititi 26 de octubre y 27 de diciembre de 2024

Caminata y observación astronómica en la Reserva Privada Paititi (27 de diciembre de 2022)

La Vía Láctea se desvanece sobre las Sierras de la Reserva Privada Paititi. Sagitario y Escorpio se despiden de los cielos del invierno, y dan paso a las constelaciones de Verano.


Observación de Saturno, sus lunas principales y sus anillos casi perfilados



Caminata y observación astronómica en la Reserva Privada Paititi (27 de diciembre de 2024)

Observación de Júpiter, sus bandas ecuatoriales y polares, y sus lunas galileanas

Las constelaciones de verano dominan nuevamente el cielo de la Reserva. Orión, con sus Tres Marías y la Gran Nebulosa, y Tauro con sus hermosas Pléyades, demuestran su poderío en objetos celestes



Una jornada marcada por la presencia de humedad que impedía realizar fotografías o poder observar con detenimiento, no fue impedimento para disfrutar del cielo


La zona de Tauro es una rica región en donde se destacan objetos tales como M45 (Las Pleyades) Melotte 25 (Las Híades) y Aldebarán (Alfa Tauro)
Júpiter aparece colado en la foto como el objeto más brillante de la región




Alfa Canis Majoris

Sirio, la estrella más brillante que ilumina el cielo nocturno, es el emblema indiscutible del verano para los habitantes del hemisferio sur. Conocida también como Alfa Canis Majoris. 

Esta estrella en realidad es un sistema  binario, compuesto por Sirio A (La más brillante) y una compañera menor llamada Sirio B, muy cercana visualmente a la estrella y a menudo difícil de observar con telescopios grandes debido al resplandor de su gran compañera. 
En los últimos tiempos, debido a mediciones que dan como resultado patrones irregulares en la órbita del sistema Sirio formado por ambas estrellas, se sospecha la presencia de una tercera estrella, una probable Sirio C.

Ubicada en la constelación del Can Mayor, ha cautivado a observadores desde tiempos inmemoriales, y esta estrella esta ligada culteramente con  religiones, culturas, y costumbres de civilizaciones antiguas.

Desde la Estrella Perro a un instrumento para predecir el tiempo

No es nada raro enterarse que muchas culturas hayan asignado una importancia significativa a Sirio, ya que es la estrella más brillante del cielo y fácilmente observada desde el ancho de ambos trópicos a una muy buena altura. Lo curioso es que Sirio tiene una relación con nuestros amigos caninos. En muchas culturas, ha sido asociada frecuentemente con los perros. Es la principal razón de su popular sobrenombre: La Estrella Perro 

Sirio también sirvió y sirve para medir patrones atmosféricos: inestabilidad, humedad, y otras variantes. Como buenos observadores que eran nuestros antepasados, podían incluso pronosticar sequias o épocas húmedas gracias a la aguda observación de esta estrella. Aclaremos este punto: en realidad, eran ingeniosos, estudiaban la atmosfera terrestre a través del agudo brillo de esta estrella. 

La observación de Sirio también permitía calcular tiempos de cosechas, tal como hacían los egipcios y otras culturas mesopotámicas.




La Gran Nebulosa de Orión durante la observación astronómica

La Gran Nebulosa de Orión es un verdadero clásico del cielo de verano para los observadores del hemisferio sur, y una belleza de invierno para los observadores del norte. Su belleza y accesibilidad la convierten en un objetivo recurrente. Sin embargo, ¿Cuántas veces hemos observado esta región sin profundizar en sus secretos?
Al observar la Nebulosa de Orión, estamos contemplando una escena cósmica en tres dimensiones. M42, M43 y NGC 1977, aunque parezcan formar una única estructura, se encuentran a distintas distancias de nosotros. M42, la más cercana, se encuentra a unos 1344 años luz, mientras que M43 y NGC 1977 están a alrededor de 1600 años luz. 



Además de ser una nebulosa icónica, la Nebulosa de Orión es un laboratorio natural donde se forman nuevas estrellas. Su inmenso tamaño, de unos 24 años luz de diámetro, alberga una gran cantidad de gas y polvo cósmico, los ingredientes fundamentales para la formación estelar.
Observar la Nebulosa de Orión nos conecta con los procesos de formación estelar y nos recuerda (por si se nos olvida... tal vez muy a menudo como sociedad) nuestra insignificancia en la inmensidad del universo. Cada vez que dirigimos nuestro telescopio hacia esta región, estamos explorando los orígenes de nuestro universo, un viaje al pasado, hace 1600 años atrás en el tiempo. 




Recordando el eclipse del 14 de diciembre de 2020

Por Esteban J. Andrada

Hace unos años, la naturaleza nos regaló un eclipse total de Sol que oscureció los cielos patagónicos durante unos minutos. La corona solar, esa tenue atmósfera exterior del Sol, se desplegó como una delicada flor de fuego, revelando los misterios de nuestra estrella. 

Mientras la Luna se deslizaba por el disco solar, la temperatura descendió y el viento sopló con mayor intensidad, creando una atmósfera casi surrealista. Fue un momento de conexión profunda con el universo, una experiencia que quedará grabada en la memoria de quienes tuvimos la fortuna de presenciarla.

La franja de totalidad, que se extendió a lo largo de parte de las provincias de Río Negro y Neuquén, así como por territorio chileno, ofreció a los afortunados observadores una experiencia única e inolvidable. Millones de personas, tanto locales como turistas, se congregaron en diversos puntos del país para contemplar este evento celestial.

Sin embargo, la observación del eclipse presentó desafíos particulares. La mayor parte de la franja de totalidad se encontraba en zonas remotas, con escasa infraestructura y servicios. A pesar de ello, la belleza y singularidad del fenómeno atrajo a numerosos visitantes, quienes debieron planificar su viaje con mucha anticipación debido a la limitada capacidad hotelera en estas regiones.

En contraste con destinos turísticos más desarrollados como Mar del Plata, las localidades ubicadas en la Patagonia no cuentan con una oferta hotelera tan amplia. Esto, sumado al gran interés generado por el eclipse, hizo que las reservas se agotaran rápidamente, convirtiendo a este evento en un verdadero hito astronómico y turístico para Argentina.


Eclipse con incertidumbre 
Las condiciones meteorológicas durante el eclipse fueron todo menos ideales. Un frente frío ingresó a la región, trayendo consigo fuertes vientos, nubes bajas y precipitaciones. 
A pesar de estos inconvenientes, decidimos aprovechar al máximo la oportunidad de observar el fenómeno. 

Con la esperanza de vivir una experiencia inolvidable, habíamos planeado observar el eclipse total de Sol desde Las Grutas. Sin embargo, los pronósticos meteorológicos nos obligaron a replantear nuestros planes. Buscamos un lugar con mayores probabilidades de tener un cielo despejado y así fue como llegamos a Valcheta, un pequeño pueblo rionegrino que prometía ser el escenario perfecto para este evento astronómico.

El amanecer del 14 de diciembre nos recibió con un cielo amenazante en Las Grutas. Nubes oscuras se agolpaban en el horizonte occidental, presagiando un día incierto. Con el corazón en un puño, emprendimos el viaje hacia Valcheta, nuestro refugio de última hora. 

En el camino, cruzamos con otros entusiastas del eclipse, inclusive el epicentro donde se encontraban divulgadores y canales de televisión, todos ellos equipados con telescopios y cámaras, que compartían nuestra ansiedad. Sin embargo ese epicentro era castigado por el viento. Decidimos entonces adentrarnos en Valcheta. Tal vez las construcciones servirían como bloqueo del intenso viento en superficie.

La ruta desde Las Grutas hacia Valcheta se mostraba vacía luego del amanecer

El continuo pasaje de franjas de nubes nos preocupaba. El pronostico no era para nada alentador



Estación en Valcheta

Al arribar al sitio de observación dentro de Valcheta, fuimos recibidos por el astrónomo Eduardo Lajus y la Dra. Romina Di Sisto, quienes se encontraban armando los equipos. Tras una meticulosa evaluación de las condiciones meteorológicas locales, caracterizadas por una cubierta nubosa variable y vientos moderados, decidimos descargar el equipamiento. Armamos los equipos y pusimos en estación las monturas, como también revisamos las cámaras (entre otras cosas). A continuación, se realizó una minuciosa revisión de los horarios de observación y de las coordenadas de los objetos celestes a ser estudiados.

Durante la preparación pudimos hablar sobre los equipos y disfrutar de la astronomía. En la imagen: Eduardo Lajus (astronomo UNLP) Eduardo Horacek y Esteban J. Andrada

Una de las actividades interesantes era la de registrar la temperatura a medida que avanzaba el eclipse

Inicia el Eclipse

Durante las fases parciales del eclipse, pudimos apreciar la progresiva ocultación del Sol por la Luna, incluso a través de las nubes. Lamentablemente, por momentos perdimos la visibilidad del fenómeno. No obstante, éramos optimistas. Estábamos pendientes de la continuidad de la nubosidad hacia el oeste, desde donde avanzaban hacia el noreste.

La observación solar siempre fue realizada con todos los filtros adecuados en los equipos como telescopios y cámaras


El momento clave: La totalidad

A las 12:26 en punto, la oscuridad se adueñó del cielo en un instante. La totalidad, aunque breve -apenas 2 minutos y 9 segundos-, fue una experiencia sobrecogedora. A través de las nubes, vislumbramos la corona solar, una tenue aureola que se extendía hacia la negrura del cielo. 

Las prominencias, como lenguas de fuego, adornaban el borde del disco lunar, y eran observables a simple vista y sin filtro alguno. Y las perlas de Baily, esos destellos brillantes que preceden a la totalidad, nos dejaron sin aliento. La disminución de la luminosidad fue tan intensa que, de repente, los objetos más brillantes del cielo eran fácilmente observables. 

Venus, Mercurio, Júpiter y Saturno, planetas que usualmente se ocultan tras el resplandor del Sol, brillaban con una claridad inusual. Fue un espectáculo inolvidable, una muestra de cómo la naturaleza puede sorprendernos incluso en los días más esperados.


Secuencia del eclipse

La totalidad capturada en una sola toma por Eduardo Horacek, muestra en todo su esplendor el eclipse total del 14 de diciembre de 2020

La secuencia del paso de la totalidad y de las nubes, realizado mediante apilado de video, realizado por Esteban J. Andrada


El anillo de diamante provoca una gran emoción. Dura apenas unos segundos, en donde el Sol parece apagarse. Este fenómeno visual es observable nuevamente en la reaparición del limbo solar, luego de la totalidad.

La emoción era tal, que a pesar de tener equipamiento de sobra, no podíamos evitar fotografiar hasta con las cámaras de los celulares

Simplemente, no podíamos creer lo que veíamos en las pantallas de las cámaras durante la totalidad. Teníamos dos minutos para capturar el momento clave


La secuencia en una imagen, desde el inicio, el máximo y el final del eclipse total de Sol. Una de las experiencias más hermosas que se pueden vivir en la astronomía.



Luego de la totalidad 
Después de la totalidad, simplemente nos quedamos en shock. A pesar de haber estudiado los eclipses y de haber presenciado otros fenómenos astronómicos, la experiencia superó todas nuestras expectativas. 
Las fotografías, por más nítidas que fueran, no lograban capturar la intensidad y la majestuosidad del espectáculo que habíamos presenciado con nuestros propios ojos. Fue una confirmación y la sensación completa que realmente vivimos en un sistema solar. Y no solo eso. Percibimos fenómenos sutiles, como el llamado "viento del eclipse" y reacciones inesperadas en la naturaleza, como los ladridos de los perros y el canto de las aves, que nos recordaron la profunda conexión que existe entre nosotros y el cielo, aunque a veces lo damos por sentado.

Luego de la totalidad, repasamos las fotografías que habíamos realizado. Dos minutos pueden parecer suficientes para fotografiar la totalidad, sin embargo fotografiar y observar al mismo tiempo fue un desafío.

Trabajamos en equipo y cada uno cumplía una función importante en registrar todo lo posible del fenómeno, incluso la temperatura, de forma minuciosa 



Temperatura del aire durante el eclipse
Con el objetivo de analizar la variación térmica durante el eclipse, se implementó un protocolo de medición de la temperatura tanto en la fase de parcialidad como en la totalidad del fenómeno. Los datos recopilados permitieron obtener los siguientes resultados finales.

Esta tabla muestra la variación de temperatura captadas por los termómetros meteorológicos 

Las imágenes, por más buenas que sean, no pueden capturar muchísimos detalles que eran observables con nuestros propios ojos. Tampoco pueden capturar la emoción del momento, y el gusto de compartir junto a otros apasionados la astronomía.
El intercambio de conocimientos y experiencias hicieron de este día una experiencia inolvidable, el día que estuvimos en la sombra de la Luna.

El próximo eclipse total de Sol
Los eclipses son de alguna forma, un testimonio de la complejidad de la mecánica celeste. Además, en particular los eclipses solares, nos muestra el paso del tiempo. Por ejemplo, si quisiéramos observar otro eclipse total de Sol en Argentina, debemos esperar unos cuantos años.

Para concluir, las emociones y experiencias vividas en esta aventura quedarán guardadas en la memoria por el resto de nuestras vidas. Queda planificar un viaje, para observar este fenómeno fuera del territorio nacional, ya que el próximo eclipse total de sol en la Argentina será el 5 de diciembre de 2048, por lo que, es conveniente ir a buscar un eclipse total fuera del pais, para encontrarnos nuevamente con la sombra de la Luna. 



En la sombra de la Luna
El siguiente video intenta reflejar la experiencia única del eclipse total de sol en la Patagonia Argentina. A pesar de los desafíos planteados por la pandemia en 2020, logramos asistir y poder acceder a la Patagonia. 





Observando la Luna: El fenómeno de la X lunar

Por Eduardo Horacek

Para aquellos que disfrutan de los paisajes lunares y que poseen instrumental con pequeñas aperturas, las zonas cercanas al terminador lunar nos ofrecen siempre una buena ocasión para observar los detalles de la superficie que, con una mayor iluminación del disco lunar, van desapareciendo a medida que nos acercamos a la luna llena. 

En la zona iluminada cercana al terminador los detalles del relieve y la proyección de sombras son muy relevantes y, con un poco de aumento, la imagen adquiere toda su magnífica tridimensionalidad. Tan fascinado quedó Galileo al ver esas sombras que no dudó en calcular las alturas de montes y cráteres empleando la geometría, según el mismo refiere en su Sidereus Nuncius de 1610. 


La imagen corresponde al día 6 de junio de 2022, en donde se observó este fenómeno en la ciudad de Mar del Plata, Argentina. Lamentablemente la nubosidad no permitió utilizar aumentos altos. 


Entre la luz y la sombra... ¿Qué es la X lunar?

Una vez cada dos meses y alrededor del séptimo día de lunación, acontece un evento durante el amanecer lunar en el que un sector del relieve detrás del terminador comienza a iluminarse aun cuando sus alrededores están todavía en la oscuridad. Este fenómeno, denominado “X Lunar”, es un juego de luces y sombras que durante unas 3 horas va “imprimiendo” la forma de una brillante letra X. La iluminación a bajos ángulos del amanecer lunar y las características del relieve dadas por los cráteres Purbach, La Caille, Blanchinus y Regiomontanus son los responsables de este fenómeno. 




Nótese que no es un suceso inmediato sino que transcurren unas 3 horas hasta la formación completa de la X. Esto se debe a que, como el día lunar dura 27 días terrestres, la salida del Sol por sobre el horizonte lunar tarda mucho más que en la Tierra. Comparadas, una salida de Sol en nuestras latitudes suele durar poco más de 3 minutos mientras que si estuviéramos en la Luna deberíamos esperar unas 4 horas para ver todo el globo solar por encima del horizonte.  

Las oportunidades para observar estos escenarios lunares están indicadas en el calendario que les mostramos abajo, siendo válidas para la zona de Mar del Plata y a partir de los horarios indicados. Para aquellas oportunidades de observación diurna se recomienda evitar dirigir los instrumentos al Sol con el fin de prevenir lesiones accidentales en los ojos de los observadores.  

Estos eventos ponen de manifiesto el juego de la luz y la sombra sobre la geografía lunar durante el amanecer lunar en las cercanías del terminador (la línea que separa la región iluminada de la región en sombras de la Luna). Por capricho de los accidentes geográficos algunas regiones parecen adoptar formas particulares, en el caso que nos importa esas formas nos recuerdan las letras X y V. 




Estos fenómenos suceden todos los meses durante el sexto o séptimo día de la lunación, aunque no siempre son visibles debido a que la Luna puede estar bajo el horizonte en el momento en que se producen. En general son observables entre 5 y 6 veces por año, mes por medio, si las nubes lo permiten.

Entre la luz y la sombra, la X lunar

Una vez cada dos meses y alrededor del séptimo día de lunación, acontece un evento durante el amanecer lunar en el que un sector del relieve detrás del terminador comienza a iluminarse aun cuando sus alrededores están todavía en la oscuridad. Este fenómeno, denominado “X Lunar”, es un juego de luces y sombras que durante unas 3 horas va “imprimiendo” la forma de una brillante letra X. La iluminación a bajos ángulos del amanecer lunar y las características del relieve dadas por los cráteres Purbach, La Caille, Blanchinus y Regiomontanus son los responsables de este fenómeno. 




En la fotografía se muestra el sector lunar en donde localizar la X Lunar y V Lunar y el detalle de ambas regiones para aquellos que disfrutan de observar los paisajes lunares


Con telescopios de pequeñas aperturas y adecuada magnificación se logra la visualización de estas regiones sin mayores inconvenientes



En las fotografías se muestra el sector lunar en donde localizar la X Lunar y V Lunar y el detalle de ambas regiones para aquellos que disfrutan de observar los paisajes lunares. Con telescopios de pequeñas aperturas y adecuada magnificación se logra la visualización de estas regiones sin mayores inconvenientes.


Un paseo por el archivo

Durante el anochecer del pasado jueves 11 de noviembre de 2021, la Luna mostraba su fase de cuarto creciente recién estrenada, con una iluminación del 55% a una distancia de 376362 km. Todos los meses podemos ver esta fase pero no en todas las ocasiones se puede observar lo que se ha dado en llamar la X Lunar. 

La X Lunar es un fenómeno de iluminación que deriva en un juego de luces y sombras que adopta la forma de la letra X  sobre el lado oscuro adyacente al terminador del amanecer lunar. Algunas fuentes consideran que la X es formada por la confluencia de 4 cráteres lunares: Purbach, La Caille, Blanchinus y Regiomontanus. 

En mi opinión solo los 3 primeros cráteres tienen una verdadera participación directa en la estructura, y algunas fuentes consideran lo mismo. El secreto del efecto radica en la iluminación solar a bajo ángulo (es un amanecer lunar que se va acercando) y en la topografía del terreno que se ilumina. Hay que ver los cráteres como hundimientos del terreno y las laderas y bordes externos intervinientes (el cuerpo de la X) como terreno más alto; por lo tanto se va a iluminar antes que sus alrededores más hundidos que permanecen en la sombra.

A lo largo del año este efecto es visible un máximo de 6 veces, aunque no siempre observable desde una ubicación particular ya que en muchas ocasiones la Luna estará bajo el horizonte; además hay que contemplar la posibilidad de un horizonte despejado y por supuesto un cielo libre de nubosidad. 








Observando la Luna: Coloración de la Luna

Por Esteban J. Andrada

La tradición de asignar nombres a las lunas llenas a lo largo del año ha enriquecido la cultura en general, pero también ha generado cierta confusión. 

Un ejemplo de ello es la denominada Luna Rosa, que ha llevado a muchos a preguntarse si nuestro satélite natural adquiere realmente una tonalidad rosada. Tiene su origen en las culturas indígenas de América del Norte, quienes asociaban la primera luna llena de la primavera con el florecimiento de las flores silvestres Phlox, de color rosa. Esta conexión entre la naturaleza y los eventos celestes era fundamental en sus calendarios y creencias.

También es muy como escuchar el término "luna azul" de vez en cuando. Simplemente es un termino cultural, no de origen científico. Se refiere a la segunda luna llena en un mismo mes calendario, en ocasiones, la Luna puede adquirir un tono ligeramente azulado debido a la presencia de partículas de humo o ceniza volcánica en la atmósfera.

¿Por qué la Luna no se vuelve rosa?

A pesar de su nombre poético, la Luna Rosa no experimenta ningún cambio en su coloración. El término rosa es simplemente una designación cultural, sin base científica. La apariencia de la Luna, generalmente blanca o grisácea, tiene una coloración que está condicionada por la cantidad de luz solar que refleja y de las condiciones atmosféricas de la Tierra.

Durante un eclipse total de Luna, la Tierra proyecta una sombra sobre nuestro satélite. Sin embargo, esta sombra no es completamente oscura, sino que adquiere un tono rojizo. Esta interacción entre la luz solar, la atmósfera terrestre y la superficie lunar se puede observar durante la "totalidad" del eclipse


¿Cuándo la Luna puede parecer de otro color?

Si bien la Luna no cambia de color, existen algunas circunstancias atmosféricas que pueden hacer que se vea más rojiza o anaranjada.

  • Eclipse total de Luna: Durante eclipses lunares totales, la atmósfera terrestre filtra la luz solar, permitiendo que solo las longitudes de onda más largas (rojas) alcancen la Luna.
  • Humo y polvo en suspensión: La contaminación atmosférica, el humo o las partículas de polvo en suspensión pueden dispersar la luz azul, haciendo que la Luna se vea anaranjada rojiza, o amarronada.

Como podemos ver, los factores atmosféricos influyen en gran medida. La dispersión de la luz por partículas en la atmósfera, y el polvo, humo o gotas de agua pueden hacer que la Luna se vea más rojiza, anaranjada o incluso azulada, dependiendo de la longitud de onda de la luz que se disperse. Pero ese no es el único motivo. 

La altura de la Luna en el cielo

Cuando la Luna está cerca del horizonte, su luz atraviesa una mayor cantidad de atmósfera terrestre. Esta capa de aire actúa como un prisma, dispersando la luz azul y dejando pasar principalmente las longitudes de onda más largas (rojo, naranja y amarillo). Esto hace que la Luna se vea más rojiza o anaranjada, especialmente durante el amanecer o el atardecer. 

A medida que la Luna asciende en el cielo y se acerca al cenit (el punto más alto), su luz atraviesa una menor cantidad de atmósfera. Por lo tanto, la dispersión de la luz es menor y la Luna se ve más blanca o grisácea. Son un claro ejemplo de cómo la atmósfera terrestre puede cambiar drásticamente el color de la Luna, tiñéndola de un intenso rojo cobrizo.

Por último, la percepción del color también puede variar de una persona a otra y depender de las condiciones de observación, como la contaminación lumínica o la adaptación de nuestros ojos a la oscuridad.

Breve guía para buscar una Luna colorida

La Luna tiene una superficie grisácea, pero la percepción de su color desde la Tierra varía debido a la interacción de la luz solar con nuestra atmósfera. Existen tres momentos dados en donde la Luna cambia de color. No tiene ningún origen místico. En realidad, el secreto se encuentra en la luz y no en la superficie lunar.



Observando la Luna: Mare Imbrium, una cuenca de impacto llena de basalto

Por Eduardo Horacek

La Cuenca Imbrium- Mare Imbrium tiene un diámetro de 1200 Km y es la cuenca de impacto más grande sobre la cara visible de la Luna; solo superada en tamaño por la Cuenca Aitken del Polo Sur, en la cara no visible, que es el doble de grande. Los estudios realizados con las muestras recogidas por la Apolo 15 estiman su edad en 3850 millones de años. 


Sus rasgos más importantes comienzan a develarse con binoculares 7x50 , y con pequeños telescopios, mostrará una creciente cantidad de rasgos topográficos

Luego de su formación, durante el periodo entre 3700-3200 millones de años antes del presente, el cráter de impacto fue rellenado por la lava procedente del magma interior lunar, de modo que el cráter original fue cubierto por un vasto mar de basalto, que al enfriarse, adoptó el color oscuro con que lo vemos actualmente.

La primera descripción que definía el origen de la cuenca del Mare Imbrium como un cráter de impacto la realizaron W. Hartmann y G. Kuiper en 1962; más recientemente en 2016, un estudio realizado por Peter H. Schultz-David A. Crawford (Origin and implications of non-radial Imbrium Sculpture on the Moon; Nature, Vol.535, 21/07/2016) estima que el impactador que creó la Cuenca Imbrium debió tener un tamaño de al menos 250 Km, lo que lo ubica en el rango de tamaño de un protoplaneta. 
Esta violenta colisión ocurrió en una época del Sistema Solar conocida como Bombardeo Pesado Tardío, un período de intenso bombardeo de cometas y asteroides que han golpeado la Luna y todos los planetas, incluyendo la Tierra, hace 4000-3800 millones de años. 
Para dimensionar la violencia del impacto y, a modo de comparación, el cráter de Chicxulub, de unos 150 Km, en la Península de Yucatán, México, fue provocado por un asteroide de 10-15 Km y fue el responsable de la desaparición de los dinosaurios hace unos 66 millones de años. 



La superficie de la Cuenca Imbrium es de casi 900000 Km2, esto representa la superficie conjunta de las provincias de Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba, La Pampa y Mendoza; es decir 1/3 de la superficie de la Argentina


Los nombres de los accidentes selenitas

Como ha sucedido con casi todos los accidentes lunares, esta región lunar ha sido nombrada de diferentes maneras según el observador que la registraba. Hacia el año 1600, era pre-telescópica, unos dibujos de William Gilbert la nombran como Regio Magna Orientalis (Región Grande del Este; en aquella época el este y oeste se consideraban al revés que en la actualidad, el cambio fue aprobado por la UAI en 1961). 
Medio siglo después, ya con telescopio, en 1647, un mapa de Johannes Hevelius designa esta región como Mare Mediterraneum, y en un mapa de Langrenus de 1645 como Mare Austriacum. 
En 1651 el jesuita italiano Giovanni Riccioli publicó su propio mapa lunar nombrando los accidentes en honor a científicos y otras personas famosas. 

Los nombres usados por Riccioli no solamente eran más fáciles de recordar sino que su sistema de nomenclatura implicaba la promesa para astrónomos y otros científicos de que sus nombres pudieran algún día asociarse a una estructura lunar. 
Por unos 140 años, los sistemas cartográficos de Hevelius y Riccioli compitieron uno con otro. Gradualmente el sistema de Riccioli se impuso y actualmente los nombres de la gran mayoría de los accidentes lunares más importantes de la cara visible de la Luna se deben a este monje jesuita. Riccioli bautizó a esta región Mare Imbrium que en latín significa Mar de las Lluvias y la Unión Astronómica Internacional (UAI) aprobó este nombre de manera oficial el 01/01/1935.

Observación de Mare Imbrium

Distinguible a simple vista, esta interesante formación puede observarse a partir del día anterior al cuarto creciente (o 7 días después de la Luna Nueva) demorando unos 4 días en verse en toda su extensión. Sus rasgos más importantes comienzan a develarse con binoculares 7x50 o 10x50, y el empleo de telescopios, aun los más modestos, mostrará una creciente cantidad de rasgos topográficos. 



La imagen que se muestra fue tomada el viernes 3 de abril de 2020, con una Luna de 10,6 días y 77% iluminada


Como se aprecia en la imagen los cordones montañosos definen la mayoría de la morfología circular de la cuenca;  en el S-SE se elevan los Montes Apeninos con picos de hasta 5400 metros por encima del radio lunar medio. 
Más al norte y extendiéndose por unos 200 km con picos de 3650 metros, los Montes Caucasos delinean el borde entre el Mare Imbrium y el Mare Serenitatis en el este. Continuando en sentido antihorario, nos encontramos con otra cadena de montañas: los Montes Alpes. El llenado progresivo de la cuenca y el cavado del gran cráter Cassini dieron lugar a la formación de los promontorios Deville y Agassiz. El Vallis Alpes (Valle Alpino), un valle casi rectilíneo de 130 km de longitud y 10 km de ancho, interrumpe la cordillera y representa un túnel de lava que conecta la Cuenca Imbrium con el Mare Frigoris en el norte.
Hacia el oeste, nos encontramos con una cadena montañosa semicircular, los Montes Jura, con picos de 3800 metros y alguno excepcional que alcanza casi los 5000 metros. Estos montes delinean una fascinante estructura circular secundaria a la que le falta su anillo sudeste: el Sinus Iridium (Bahía del Arco Iris). 
Este cráter de 260 km fue excavado poco después de la formación de la cuenca Imbrium. Posteriormente, la recientemente formada depresión circular, 600 metros por debajo de la topografía circundante, fue rellenada por numerosos flujos de lava. Los promontorios Laplace y Heraclides son los extremos de esta cadena montañosa semicircular.

Los Montes Gruithuisen Gamma y Delta revelan hoy un vasto tramo del Mar conectando la Cuenca Imbrium con el Oceanus Procelllarum. La Dorsa Bucher y la Dorsa Arduino, junto con los Montes Delisle, Harbinger y Vinogradov representan los remanentes de la sección perdida del anillo del cráter. (Algunas de estas formaciones son visibles en la imagen pero otras están un poco al oeste del terminador y permanecían en la oscuridad al momento de obtener la fotografía)

El anillo circular proyectado reemerge en la forma de una cadena montañosa de 280 km de longitud: los Montes Cárpatos. Están caracterizados por picos de alrededor de 2400 metros, los cráteres Tobías Mayer (34 km) y Gay Lussac (27 km), y en el norte, el promontorio Cabo Banat.

Dentro de la cuenca se encuentran también pequeñas cadenas montañosas, por ejemplo en el norte los Montes Recti (altitud: 1800 m) y los Montes Teneriffe (altitud: 1450m) y en el este los Montes Spitzbergen (altitud: 1400m).
El Monte Pico y el Monte Piton, ambos de más de 2200 metros de altura, son dos montañas aisladas que se elevan en el noreste.

Junto con el Sinus Iridium, la región fotografiada nos muestra muchos otros cráteres grandes. La región sur del Mare Imbrium esta tapizada por lo brillantes rayos de eyección del cráter Copérnico (93 Km), los cuales se pueden detectar hasta casi el centro de la cuenca.

Eratóstenes (60Km) está localizado justo al sur de los Montes Apeninos, cerca del Sinus Aestuum, y está caracterizado por un elevado borde del cráter de 3900 metros y no mostrar rayos de eyección.
Arquímedes y Platón son dos cráteres de piso plano, rellenados por los materiales magmáticos del Mare Imbrium y de edad y dimensiones comparables (aprox.100 Km de diámetro y 2000 metros de altura). Aristillus y Autolycus son dos cráteres importantes que se encuentran en el Este de la cuenca, estando el primero caracterizado por un sistema de valles que radian hacia el Mare Imbrium y el Palus Nebularum. 
Otros cráteres importantes dentro del Mare Imbrium son  Cassini (57 km)Timocharis (35 km)Lambert (30 km)Euler (28 km)Delisle (25 km)Diophantus (18 km)Le Verrier (20 km), todos ellos con una altitud de alrededor de 2400 metros.

En la imagen se señalan, en forma aproximada, la región de alunizaje de 3 sondas (2 soviéticas y una china) y una misión tripulada (misión Apolo 15 de la NASA).

Para ver la imagen en tamaño grande haga clic sobre la imagen


MAPA LUNAR
Descargar Mapa lunar HD (solo la cara visible) DESCARGAR

Observando la Luna: El cráter Copérnico y sus alrededores

Por Eduardo Horacek

El área lunar que comentaremos a continuación ha sido objeto de intenso estudio incluso desde la era pre-Apolo, gracias a la confluencia de múltiples estratos geológicos. El estudio de la estratigrafía lunar es crucial para comprender la cronología de las formaciones que observamos. Las misiones Apolo, de hecho, fueron estratégicamente dirigidas a sitios específicos con el fin de obtener rocas y material geológico que esclarecieran su edad y composición.

El sector lunar que se detalla es una región muy interesante y estudiada desde la época pre-Apolo debido a que en ella coinciden varios estratos geológicos. El estudio de la estratigrafía lunar nos permite conocer, entre otras cosas, la edad en la tuvieron su origen las formaciones que observamos y, de hecho, las misiones Apollo fueron enviadas a localizaciones predeterminadas con el objetivo de recoger rocas y material geológico que permitieran dilucidar su edad y composición. 

En la foto referenciada está indicado en forma aproximada el lugar de alunizaje de las misiones Apolo 12 y Apolo 14 (la malograda misión Apolo 13 tenía como punto de alunizaje un sitio cercano al de la Apolo 14)


Esta sección lunar muestra en su región norte (abajo-izquierda) parte de la Cuenca Imbrium cuya formación y desarrollo da cuenta del Periodo Imbrico que tuvo lugar hace 3850 millones de años y 3200 millones de años; su límite sur y sudeste muestra dos formaciones montañosas los Montes Cárpatos y los Montes Apeninos. 

En el centro de la imagen coexisten superpuestos varios estratos geológicos, los más importantes están representados por dos cráteres que le dan su nombre a los periodos: Eratóstenes (Periodo Eratosteniano hace 3200 millones de años -1100 millones de años) y Copérnico (Periodo Copernicano hace 1100 millones de años hasta el presente). Al sur Mare Cognitum pertenece al periodo Imbrico, mientras que el Mare Insularum y el Sinus Aestuum son aún más antiguos  

El cráter Copérnico 

Es una formación “joven”, 800 millones de años, de forma hexagonal. Su posición central y aislada lo destaca de su entorno inmediato transformándolo en uno de los accidentes lunares favoritos de la observación. Sus brillantes rayos de eyección se distribuyen radialmente hasta distancias superiores a los 500 Km, adentrándose bien en Mare Imbrium al norte. Sus laderas son muy escarpadas y tortuosas elevándose 900m sobre el nivel del Mare Insularum y sobre las que se apoyan los cráteres Fauth al sur y Gay Lussac al norte.

Observación de Copérnico 

Puede observarse a partir de 2 días después del primer Cuarto empleando binoculares y telescopios de pequeña apertura. Tiene un diámetro de 93 Km y unos 3,6 Km de profundidad; acantilados de 900 m, y pueden observarse deslizamientos en sus laderas interiores. Los picos centrales forman un pequeño macizo montañosos de 1200 m de altitud y unos 15 Km de longitud.  

El hombre detrás del nombre

Fue nombrado en honor al astrónomo polaco del siglo XVI Nicolás Copérnico (1473 - 1543) autor de la obra “De revolutionibus orbium coelestium” en 1543, en la que presentaba un sistema heliocéntrico, en donde la Tierra y los planetas giraban alrededor del Sol, abriendo el camino al cambio del paradigma Aristotélico. 

Su nombre fue propuesto por el astrónomo jesuita italiano Giovanni Riccioli en 1651 en su Almagestum Novum continuando su vigencia hasta nuestros días. Sin embargo otros reconocidos astrónomos contemporáneos de Riccioli le dieron otros nombres que no perduraron en el tiempo; así en 1630 Gassendi lo llamó Carthusia; Langrenus en 1645 lo denominó Philippi IV y; Johannes Hevelius en 1647 nombró al cráter Mons Aetna y a su manto de eyección más brillante Insula Sicilia.

A unos 200 Km al ENE de Copérnico encontramos el cráter Eratóstenes, otra magnifica formación circular situada en el extremo sur de los Montes Apeninos. Tiene un diámetro de 60 Km y una altura de 3570m; sus paredes son muy altas con terrazas y su suelo es plano y no tan extenso como el de Copérnico. En su centro puede observarse una montaña con varias cumbres. Este cráter es observable 1 día después del Cuarto Creciente con telescopios de pequeña apertura. No se observan rayos brillantes puesto que están cubiertos por el material eyectado de su vecino Copérnico. Precisamente esta observación es muy importante a la hora de precisar una escala de  tiempo; Eratóstenes es más antiguo que Copérnico. Ninguna misión recogió muestras lunares cercanas al cráter Eratóstenes para datarlas adecuadamente, por lo que su origen solo podemos ubicarlo en algún momento del amplio periodo Eratosteniano.

Nuevamente fue Riccioli en 1651 quien le dio el nombre, actualmente vigente, en honor al matemático y filósofo griego Eratóstenes de Cirene (276AC-194 AC) quien fuera Director de la Biblioteca de Alejandría y quien realizara la primera medida de la circunferencia de la Tierra usando la sombra de una vara proyectada por el Sol y trigonometría elemental. Al igual que lo comentado para Copérnico, los mapas confeccionados por los otros astrónomos de la época mostraban otros nombres para este cráter; Langrenus lo denominó Haro y Hevelius Insula Vulcania.


Geología lunar

Los cráteres de impacto son producidos por la colisión de un meteorito o cometa con la superficie de la Luna, lo que provoca la eyección de material dando lugar a la formación de un cráter. Los cráteres lunares pequeños, de menos de 15 km de diámetro, tienen una morfología en forma de tazón, o cuenco, relativamente simple. Los cráteres más grandes tienen formas más complejas incluyendo pisos planos, picos centrales, terrazas, y bloques de asentamiento a lo largo del interior del borde del cráter.



El cráter Copérnico jugo un rol clave cuando los primeros geólogos lunares, Gene Shoemaker y Robert Hackman, develaron la estratigrafía básica de la Luna hace 50 años. La estratigrafía es la ciencia que determina las edades relativas de los materiales geológicos por observación de las relaciones superpuestas entre las diferentes unidades geológicas. ¿Qué es una unidad? En el caso de la Luna, las unidades geológicas más básicas incluyen las eyecciones de los cráteres, los mares basálticos, ceniza volcánica, y la antigua corteza de las tierras altas. 

El Dr. Shoemaker y sus colegas notaron que los rayos de diferentes cráteres exhibían albedos que iban desde los muy brillantes (cráter Aristarco) hasta los apenas visibles (cráter Copérnico). Correctamente infirieron que los rayos se desvanecían con el tiempo como consecuencia de los impactos de micrometeoritos y a la exposición de los efectos implacables del viento solar, procesos a menudo referidos como “efectos del clima espacial” (“space weathering”). Al trazar el camino de los rayos, las edades de muchas unidades pueden ser fácilmente determinadas.

Justo al Este del cráter Copérnico puede verse a Eratóstenes (60 Km), otro cráter clave de la historia estratigráfica lunar revelada por Shoemaker y sus colegas. Estos dos cráteres vecinos se ven muy parecidos en cuanto al buen estado de sus características morfológicas (bordes, paredes y pico central), sin embargo Eratóstenes no muestra rayos ya que estos han sido completamente borrados incorporando su material a la superficie de fondo. El hecho de que Eratóstenes no posea rayos muestra que es más antiguo que Copérnico, aunque no tanto puesto que mantiene una forma bien definida y poco desgastada. Así que Eratóstenes es, en la escala lunar de tiempo, un cráter de “edad mediana”. 

Cuando la escala temporal de la Luna fue descifrada los científicos no tenían muestras lunares para determinar con exactitud las edades absolutas de las unidades geológicas que identificaron.

Más tarde, las muestras recolectadas por los astronautas de la misión Apolo 12 y consideradas ser material de eyección de Copérnico, fueron datadas radiométricamente en unos 800 millones de años. Para los estándares terrestres 800 millones de años es ciertamente una edad muy antigua pero representa una joven edad para la Luna. No se poseen muestras provenientes de Eratóstenes por lo que su edad absoluta solo se puede inferir del conteo de los pequeños cráteres que se han formado sobre sus eyecciones y en su interior. A la fecha nuestro conocimiento de las edades de las unidades Copernicanas y Eratostenianas están pobremente establecidas. La obtención de muestras de áreas clave dentro de estos dos periodos es de alta importancia entre los científicos lunares.

A medida que los científicos aprendían más de la Luna por los datos aportados por los programas Lunar Orbiter (5 misiones, lanzadas entre el 10 de agosto de 1966 y el 1 de agosto de 1967) y Apollo (1961-1972), la escala de tiempo lunar se fue refinando. No obstante el trabajo de Shoemaker y Hackman aún continúa representando nuestro conocimiento básico de la estratigrafía lunar. Ciertamente los resultados del Lunar Reconnaissance Orbiter (LRO) y de tres misiones internacionales (SELENE/Kaguya, Chang’e-1, and Chandrayaan-1) generarán varias oportunidades para revisar las ideas del pasado.

Lunar Reconnaissance Orbiter (LRO), lanzamiento: 18 de junio de 2009; Estado: Activa Agencia: NASA (https://lunar.gsfc.nasa.gov/)

SELENE/Kaguya, lanzamiento: 14-09-2007, Estado: Finalizada; impacto controlado en la superficie lunar el 10 de junio de 2009, duró 1 año y 8 meses. Agencia: JAXA (Agencia de Exploración Aeroespacial Japonesa)

Chang’e-1,  lanzamiento: 24 de octubre de 2007;  Estado: Finalizada; impacto controlado en la superficie lunar el 1 de marzo de 2009. CNSA (Agencia Espacial Nacional China)

Chandrayaan-1, lanzamiento: 21 de octubre de 2008; Estado: Finalizada, la sonda dejó de funcionar el 28 de agosto de 2009. Agencia: ISRO (Organización India de Investigación Espacial)