En este año tendremos y en la primera quincena de junio tendremos conjunciones visibles luego de la puesta de Sol. Los dos objetos más brillantes del cielo nocturno, Venus y Júpiter, iniciarán un acercamiento aparente que alcanzará su punto cúlmine las noches del 8 y 9 de junio, posicionándose en una curiosa conjunción a poco más de un grado y medio de distancia entre sí (el equivalente al ancho de un dedo meñique con el brazo extendido).
A esta conjunción
visual se sumará Mercurio hacia mediados de mes mirando al horizonte
oeste-noroeste, y durante algunas noches, la Luna.
El momento ideal
para iniciar la observación será entre 30 y 40 minutos después de la puesta del
sol, justo cuando el resplandor solar comience a atenuarse, pero antes de que
los planetas estén demasiado cercanos al horizonte.
¿Cómo
observar la conjunción?
Este fenómeno se
podrá disfrutar perfectamente a simple vista, incluso en zonas con
contaminación lumínica debido al notable brillo de los protagonistas. Unos
binoculares 7x50 o 10x50 permitirá disfrutar de esta “postal viva”.
No se recomienda
el uso de telescopios por dos razones clave. En primer lugar, por el campo de
visión: un telescopio cubre un área del cielo muy estrecha en comparación con
la perspectiva panorámica que ofrecen unos binoculares. En segundo lugar, por
la calidad de la imagen: debido a la baja altura de los planetas sobre el
horizonte, la luz debe atravesar una capa de atmósfera mucho más gruesa y
turbulenta. Esto hará que sea casi imposible percibir detalles planetarios
nítidos, mostrándolos difusos o "turbios"
Hay que estar
atentos a otros factores como la nubosidad hacia el oeste, transparencia atmosférica
sobre el horizonte (si hay humo, polvo en suspensión o mucho vapor de agua).
Cuando la trasparencia atmosférica es baja, se complica observar objetos,
incluso los más brillantes.
El delay de
una postal viva
Siempre que
hablamos de conjunciones, pensamos en términos de espacio: millones de
kilómetros más allá o más acá. Sin embargo, el cielo de junio nos invita a
ejercitar otra mirada, una que altera nuestra percepción del tiempo. Sabemos lógicamente
que este encuentro de mundos es una ilusión de perspectiva. La conjunción solo
existe para nosotros, los observadores terrestres.
Pero lo que a
veces olvidamos es que esa postal también está fragmentada en la dimensión
temporal. Lo que contemplamos en el crepúsculo no ocurre en tiempo real.
La luz viaja a la velocidad abismal de 300.000 kilómetros por segundo, pero las
distancias en el sistema solar son tan descomunales que los destellos tardan
minutos en llegar a nosotros.
Una postal diferida
- Mercurio: Al ser el más cercano a nosotros en esta alineación, su luz tarda unos 8 minutos y 20 segundos en cruzar el vacío espacial. Lo vemos casi en su presente absoluto.
- Venus: Aunque es el objeto más radiante de la noche, su brillo tarda 9 minutos y 40 segundos en alcanzarnos. Su luz actual es un eco del pasado reciente; el reflejo solar de hace casi diez minutos.
- Júpiter: El gigante gaseoso es el verdadero viajero del tiempo de esta noche. Al encontrarse a más de 900 millones de kilómetros, su luz tarda 51 minutos en llegar a nuestros ojos.
La paradoja
del horizonte
Esta distorsión temporal genera un fenómeno fascinante. Si las condiciones atmosféricas acompañan y logramos ver a Júpiter tocar y ocultarse finalmente en la línea del horizonte, estaremos viendo un fantasma: en el plano físico, el Júpiter real ya se habrá ocultado para nosotros hace casi una hora.
Comprender
para mirar
El cielo nos
regala espectáculos visuales maravillosos, pero cuando logramos dimensionar que
es lo que realmente ocurre, la observación es profunda y tiene mayor sentido.
Cuando comprendemos que el cielo se rige bajo leyes naturales y no caprichos
azarosos, es ahí cuando empezamos a pensar a otra escala: Ese es el corazón de
la ciencia.
