¡Feliz 2026!

Hacemos una pausa por unos días para recargar energías. Les deseamos un excelente cierre de año y un próspero Año Nuevo 2026. ¡Nos vemos pronto!



Pensando el cielo nocturno | M42 y alrededores

Por Esteban J. Andrada (Trapecio Austral)

La Nebulosa de Orión (M42) es, sin lugar a dudas, uno de los objetos más emblemáticos y tradicionales en el catálogo de vistas celestes. Representa el punto de partida perfecto para cualquier aficionado que decida emprender su viaje astronómico, ofreciendo un espectáculo inigualable incluso a través de un pequeño telescopio o unos simples binoculares.

M42 es frecuentemente descrita como una "cocina de estrellas" o una guardería estelar, ya que es un sitio donde las condiciones físicas y químicas son ideales para la formación activa de nuevas estrellas. En su interior, el gas frío y el polvo se colapsan gravitacionalmente para dar nacimiento a soles jóvenes y brillantes, alimentando continuamente la luminosidad de la nebulosa.


¿Qué tipo de nebulosa es?
Dentro de la vasta taxonomía de nebulosas que maneja la astronomía observacional, M42 se encuadra en la categoría de Nebulosa Difusa. Sin embargo, es importante refinar esta clasificación:

Nebulosa de Emisión
La parte más brillante de M42 es primariamente una nebulosa de emisión, lo que significa que el gas dentro de la nube es energizado (ionizado) por la intensa radiación ultravioleta de las estrellas jóvenes y calientes (como las del Cúmulo del Trapecio). Este gas ionizado emite su propia luz visible.

Nebulosa de Reflexión
Partes de la región están compuestas por una nebulosa de reflexión, donde la luz de las estrellas cercanas no ioniza el gas, sino que simplemente es dispersada y reflejada por las partículas de polvo, dándole un tinte azulado en algunas zonas. 

Como mencionábamos anteriormente, esta región catalogada como M42 es mucho más que la nebulosa visible a simple vista. En realidad, es un complejo astronómico compuesto por la propia nebulosa de emisión (una gigantesca nube de gas y polvo iluminada por las estrellas que nacen en su interior) y una rica variedad de otros objetos celestes, incluyendo cúmulos abiertos recién formados. Esta zona es un verdadero semillero estelar y contiene decenas de objetos adicionales de gran belleza y alto valor científico, siendo un objetivo recurrente para la astrofotografía de alto nivel.

Un telescopio reflector de 150mm permite observar los detalles con mayor precisión. Las grandes aperturas siempre mandan en el espacio profundo. Foto: Esteban J. Andrada (Trapecio Austral) 


Profundizando en la Observación
Como una de las primeras coordenadas donde reposa el telescopio de un principiante, M42 ofrece una recompensa visual inmediata. Una observación inicial y apresurada del área es emocionante y memorable, revelando su brillo y estructura básica.

No obstante, la Nebulosa de Orión es mucho más que una postal pasajera. Con el tiempo y la experiencia, podemos profundizar en la exploración de esta popular región. El desafío para el observador experimentado es ir más allá del brillo central para descubrir detalles sutiles:
  • Las extensiones más débiles de la nebulosa.
  • La compleja estructura de sus filamentos y alas.
  • Los contrastes entre sus zonas de emisión y reflexión.
  • La resolución de los componentes más débiles del Cúmulo del Trapecio.

Si bien la Nebulosa de Orión (M42) es perfectamente observable a simple vista —manifestándose como un diminuto manchón difuso bajo cielos oscuros— y los telescopios nos permiten adentrarnos y resolver sus detalles internos, la experiencia visual adquiere un carácter totalmente distinto cuando se observa a través de binoculares.

A diferencia de la visión monocular y de alto aumento que suele ofrecer un telescopio, los binoculares, utilizados a bajo aumento, maximizan el campo de visión. Esta característica, combinada con la imagen estereoscópica (visión con ambos ojos) que naturalmente proporcionan, nos permite disfrutar mucho más de la vista general del vasto complejo nebular

La capacidad de usar ambos ojos a la vez en los binoculares no solo resulta en una visión más cómoda y natural, sino que también puede generar una sensación de profundidad y una captación de luz incrementada, lo que hace que la Nebulosa de Orión se revele con una espectacularidad y contexto que a menudo se pierden en los acercamientos más cerrados de los telescopios. Por ello, los binoculares (unos 7x50 de buena calidad) son una herramienta indispensable para apreciar el esplendor completo de esta joya cósmica, y claramente acompañado de un buen cielo con poca contaminación lumínica. 


Vista general de la nebulosa visible con un pequeño telescopio de distancia focal corta. No hace falta un gran telescopio para disfrutar de esta postal.
Foto: Esteban J. Andrada (Trapecio Austral)


Entre la historia, cultura y ciencia
La región que alberga a M42, la célebre Nebulosa de Orión, es un sector del cielo dominado por impresionantes y densas concentraciones de estrellas. Dentro de su corazón vibrante se encuentra uno de los ejemplos más notables de estos agrupamientos: el Cúmulo del Trapecio (también conocido como Theta Orionis).

Este monumental objeto celeste no solo ha cautivado a los observadores modernos, sino que fue descubierto por uno de los gigantes de la astronomía. Aunque la nebulosa en sí era conocida por civilizaciones antiguas, el primero en registrar su característica estructura con la ayuda de un telescopio fue Galileo Galilei, el 4 de febrero de 1617.

Observar el Cúmulo del Trapecio constituye un excelente desafío de observación, especialmente cuando se utilizan aumentos elevados. Esto permite a los astrónomos aficionados no solo distinguir la luminosidad general, sino también resolver y definir sus componentes estelares individuales, que son estrellas jóvenes y masivas.

Una parada obligada
Como mencionábamos, la Nebulosa de Orión es un objeto sumamente recurrente y querido por la comunidad de observadores. Es junto a las Pléyades, las Híades, y las Tres Marías,  protagonista de las noches de verano (en el hemisferio sur) o invierno (en el hemisferio norte), ya que es un objetivo relativamente fácil de localizar incluso para los aficionados novatos.

Sin embargo, su atractivo no disminuye con la experiencia. M42 es una parada obligada que llama constantemente la atención de aquellos aficionados con varias décadas de experiencia a sus espaldas, quienes siempre buscan nuevos detalles, estructuras más finas y, por supuesto, rememorar la belleza pura de uno de los mejores espectáculos que nos ofrece el Universo.



Realizar un paneo simple en la zona de M42, puede ser emocionante, pero seria un error si con el paso del tiempo, seguimos observando esa zona sin analizar antes algunos datos.
En realidad en la imagen se observan tres objetos que forman la característica vista: M42, M43 (en forma de cuña por debajo de la nebulosa principal) y NGC 1977.

Aunque son objetos diferentes y adyacentes, la Nebulosa NGC 1977 (y el complejo que la rodea) a menudo se confunde o, más precisamente, se ve opacada por la inmensa popularidad y brillo de M42, la Gran Nebulosa de Orión. 
Foto: Eduardo G. Horacek (Trapecio Austral) 

El dato por excelencia, se transforma en información cuando el observador comprende las colosales distancias, además de la posible comprensión de una cifra astronómica, es el hecho de que todos estos objetos no se encuentran (lógicamente) en un mismo plano en el espacio, a continuación un ejemplo.

  • M42 se encuentra más cerca de nosotros que M43, a unos 1344 Años Luz
  • M43 suma unos 256 Años Luz más de distancia: 1600 Años Luz en total.
  • NGC 1977 también se encuentra en torno a los 1600 Años Luz de distancia.
  • La Joya Perdida de Orión, se encuentra aún más alejado, unos 1973 Años Luz promedio.

Una aparente imagen plana, vista telescópicamente, puede tomar tridimensionalidad si pensamos en las diferencias de distancias entre cada uno de los componentes de esta famosa postal, y comprendemos que esta postal es visible de esta forma desde nuestra posición terrestre.





¡Gemínidas a la vista!

Esta captura realizada en la Reserva Paititi durante las primeras horas del 13 de diciembre de 2025, nos ofrece un encuentro cercano con una Geminida, una de las lluvias de meteoros más llamativas.
A diferencia de la mayoría de las lluvias de estrellas que nacen de restos de cometas de hielo, las Gemínidas tienen un linaje único: el asteroide (3200) Faetón. Esto las convierte en la primera lluvia de meteoros vinculada oficialmente a un cuerpo rocoso.

Aunque las geminidas están relacionadas con el radiante en la constelación de géminis, pueden aparecer en todo el cielo, coincidiendo aproximadamente con el punto radiante. Por esa razón, hay que estar atento a observar todo el cielo. 

Es importante alejarse del imaginario de las películas, donde los meteoros cruzan el cielo sin cesar. La realidad es mucho más sutil. La actividad se mide en un promedio de meteoros por hora, lo que requiere una observación atenta y pausada. La contaminación lumínica oculta los trazos más finos.

¿Qué más decir de Faetón? Es un enigma para la ciencia. Muchos investigadores lo consideran un "cometa extinto" o un "cometa de roca": un objeto que agotó sus hielos hace siglos pero que dejó tras de sí un rastro de escombros. Cuando la Tierra atraviesa esta estela, las partículas impactan contra la atmósfera y se incineran, creando brillantes trazos que suelen adquirir tonos verdosos debido a su composición mineral.

Una geminida es captada ente un árbol y Júpiter.